El rescate de los 33 mineros en Chile presentó un elemento que asombró a las autoridades, los medios de comunicación y, principalmente, a los millones de personas que, en todo el mundo, vieron el operativo en directo a través de la televisión: la seguridad de que Dios estaba con ellos, les dio fortaleza y esperanza durante los 69 días que permanecieron atrapados en la mina de oro y cobre San José.

El martes 12 de octubre alrededor de las 20:00 (hora chilena) comenzó el operativo de liberación de estos 33 hombres que mantuvieron en vilo a la prensa del mundo entero desde que, el 5 de agosto, se produjo el accidente que los dejó enterrados a más de 620 metros bajo tierra. La confianza de que Dios los acompañaba no sólo les animó sino que transformó la vida de estos mineros y la de sus familias.

“No somos 33, somos 34. Dios está con nosotros”, escribió en una de sus cartas Jimmy Sánchez, el minero más joven del grupo que fue el quinto en salir a la superficie. Refiriéndose al Creador, otra de las cartas de los 33 que llegó a sus familiares los días previos al rescate, aseguraba que “el número 34 estuvo con nosotros desde el principio”.

La noche del 12 de octubre la mina San José (ubicada en la región de Copiapó, capital de la provincia del mismo nombre y de la III Región de Atacama) entró a la historia de Chile y el mundo. A las 23:19 (hora chilena) después de un largo proceso de ajustes técnicos, Manuel González, el experto en rescates de la empresa minera Codelco, iniciaba el descenso en la cápsula Fenix II que se deslizó por el ducto que se realizó con la perforadora T-130. “Ve en el nombre del Señor”, le dijo a González uno de los técnicos cuando comenzaba el descenso; 16 minutos después la cápsula tocaba fondo.

Casi una hora más tarde y luego de que en el interior de la mina y en la superficie se comprobó que todo estaba listo, Florencio Ávalos fue el primero de los 33 mineros en subir al receptáculo e iniciar el ascenso; al aplauso de sus compañeros mineros se sumaron los vítores de euforia que, en la superficie, se extendieron por todo el globo.

Las imágenes de la Televisión Nacional de Chile mostraban en la zona de la salida del túnel, a las autoridades (a la cabeza del presidente chileno Sebastián Piñera) y el equipo de rescate entonando el himno de ese país, mientras que en el ingreso al campo minero, la familia de Ávalos oraba, entonaba cánticos de agradecimiento al Señor y leía la Biblia. A las 23:19 emergía el Fenix II con Ávalos en su interior, que logró ver el cielo después de más de dos meses de encierro. La fotografía del minero apuntando al cielo y vistiendo una polera (t-shirt) en la que estaba inscrito “¡Gracias Señor!” le dio la vuelta al mundo.

Minutos después el presidente chileno, se dirigía a millones de personas en el mundo para agradecer por el éxito con el comenzaba el rescate. “En primer lugar, agradecer a Dios porque sin Él esto no hubiera sido posible”, dijo Piñera embargado por la emoción.
A los pocos minutos y al grito de “¡vamos, vamos, vamos!”, Mario Sepúlveda de 40 años y el más popular de los 33 mineros por la efusividad y el buen humor con el que las semanas previas relataba por video la permanencia del grupo bajo tierra, llegaba a la superficie. Después de la revisión médica, fue el único que aceptó realizar declaraciones a los medios. “Estuve con Dios y con el diablo, pelearon y ganó Dios; me agarré de la mejor mano”, aseguró el minero.

Antes de abrazar a su esposa, al salir de la cápsula que lo transportó a la superficie, Carlos Mamani, el minero boliviano que quedó atrapado en su primer día de trabajo en la mina, se arrodilló y dio gracias a Dios por mantenerlo con vida.
La historia de Mario Gómez, el mayor de todo el grupo y el noveno el salir, también es un relato de transformaciones. La televisión chilena mostraba al mundo la escena en la que Gómez, apenas pisó tierra, se puso de rodillas y dio gracias a Dios por el rescate. Unos minutos antes, su hermano Hugo comentaba “es otro hombre… está muy dedicado a Dios”.

José Henriquez de 66 años que fue el número 24 en salir, se convirtió en el líder espiritual del grupo ya que, como reportaron los medios en todo el mundo, “se dedicó a consolar a sus compañeros con la palabra de Dios”. Mientras esperaban por su salida, los familiares que lo esperaban en el centro minero no dejaron de confiar en el Creador. “Creo que el propósito era que escuchen la palabra de Dios”, explicaba Hettiz, la esposa del minero que es miembro de la Iglesia pentecostal de Talca.

Después de 22horas y 35 minutos de rescate, al promediar las 22:00 hora chilena emergía Luis Urzúa el jefe del grupo quien lo primero que hizo al llegar a la superficie, fue dedicar una oración a Dios.

El esfuerzo de un país y sus autoridades, el coraje de un grupo de mineros que no se dio por vencido en ningún momento, sólo se compara con la fe que los acompañó durante los 69 días. Las palabras del presidente chileno a Urzúa cuando el minero le entregó el turno minero al final del rescate, son un ejemplo de la confianza en el Creador. “Agradecer a Dios que siempre estuvo con nosotros”.

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